“…hay que ir más allá, a Pandanono“.


Existe un lugar al que todos deberíamos ir, un lugar tan cercano como lejano, tan familiar como desconocido y tan sencillo que resulta a su vez  tremendamente complejo, ese lugar es Pandanono. Pandanono no está ni aquí ni allí, lo alcanzas con la mano pero nunca llegas a tocarlo y no es ni blanco ni negro sino de todos los colores que uno pueda imaginar. “Pandanono es un estado”, de aquellos sin bandera, de los olvidados, de aquellos que de verdad merecen la pena, y de aquellos en los que basta con cerrar los ojos para estar allí. En ese lugar no existen ni los horarios ni las fronteras, tampoco hacen falta brújulas o estrellas ni nadie que te marque el camino, tú decides hacia dónde y cómo ir. En Pandanono tus pisadas se chocan con intrincadas armonías que parecen conducir tu viaje, sin embargo estas se diluyen una y otra vez transformándose en una sola voz. Es esa sensación de lejana compañía y de cercana lejanía la que te sigue a lo largo de este camino que emprendes solo, pero en el que siempre estás bien acompañado. Este viaje, esta historia, es para los náufragos, para los escapistas, para los que disfrutan de la música, para los que escuchan y no oyen, para los que piensan y no juzgan, para todos, para ti y para mí, esto es Pandanono… 


Este viaje comienza con una cuenta hasta tres, un chasquido de dedos, y un cerrar de ojos…tan pronto como estos se abren el náufrago se ve rodeado por la oscuridad, por la infinita inmensidad. Su única compañía es una pequeña embarcación que flota a la deriva en medio del mar, el agua que le rodea choca una y otra vez contra el casco, las ondulantes olas como arpegios de una guitarra mecen suavemente el barco y terminan por fundirse con las primeras armonías, gira su cabeza hacía un lado esperando ver algo en la nada, instintivamente esta se alza hacia el cielo, hacia la oscuridad de la noche, en su memoria suenan los graznidos de las gaviotas, pero siente que se alejan y le dejan de nuevo a la deriva, solo, en un barco en medio del mar, y nada más…


Todavía con el sonido de las aves rondando en sus oídos el náufrago avanza inexorablemente hacia ninguna parte, la lluvia empezó a caer pero no parecía importarle, solo se aferraba a su recuerdo, a una canción, a lo único que conservaba después de tanto tiempo en el mar. Él era uno más en aquel sitio, caminaba con los ojos cerrados y sin apenas oír, él era un habitante más, solitario, el mar se había ido de él…Una guitarra arpegiada y un cajón en su cabeza, en sus pies los apremiantes punteos de un bajo, eso era lo único que le quedaba ahora, pero no entendía el porqué, cada vez que intentaba recordar la razón el pulso se le aceleraba como la intensidad de la canción que recordaba, su desesperación iba in crescendo, en la canción el plato y los cascabeles eran los que marcaban este camino ascendente, un camino que alcanzaba su punto más alto con las armonías suspendidas sobre el cajón para después caer y romper el sonido con un gran silencio. En su caso siempre había silencio, para él las olas y el viento ya no hacían ruido, solo estaban ahí, como aquel recuerdo penetrando su sien…


“La vida en alta mar resulta sencilla, es sencilla cuando sabes hacia donde remar, cuando sabes obtener algo que te alimente, cuando sabes anticiparte a las nubes y al viento, y a partir de ese momento todo se vuelve rutinario, todo es rutina, es como una confesión simple y sincera…en realidad es como una canción, una canción en la que no hay un bajo que establezca el marco rítmico y el tempo, ni adornos de guitarra tales como acordes arpegiados o ritmos complejos, solo riffs simples y muteos, la percusión basada en el cajón, los cascabeles y el plato no es necesaria, son igual de validas unas simples palmas o unos chasquidos de dedos, eso es simpleza… sin embargo, siempre existe algo que complica toda esta sencillez, el conjunto, eso es lo que lo complica todo, una sola voz puede resultar simple, las voces a intervalos o en armonía no, dos guitarras por separado pueden nuevamente parecer sencillas pero dos guitarras que tocan acorde a una misma tonalidad y modalidad no, y lo mismo pasa aquí en el mar, remar puede llegar a ser sencillo, remar y buscar comida no lo es y comer tratando de escapar de una tormenta tampoco… lo sencillo es en realidad tremendamente complejo, sin embargo lo complejo unido a algo más complejo es únicamente un error…”


La tormenta arreciaba, la lluvia afilada le golpeaba el rostro, el viento cada vez iba a más y las olas zarandeaban la pequeña embarcación, el día estaba siendo desastroso, no se podía explicar lo ocurrido, sus cálculos eran los correctos y su experiencia en el mar más que suficiente, el día amaneció sin una nube en el cielo y sin saber cómo la tormenta le encontró sin avisar, no se lo podía explicar hasta que pasados unos minutos encontró la respuesta, un pequeño huracán allá a lo lejos… y las memorias de este náufrago empezaron a tomar forma dentro de su mar de dudas…
  
Cuando la tormenta se desvaneció, exhausto, y preocupado se puso a pensar de nuevo en el temporal, en como aquel huracán por poco le arrebata la vida, pero había algo en aquel huracán, algo dentro de él, dentro de su calma que le quería decir algo, algo ya pasado, y de repente el pensamiento vino a buscarle…”Que diferentes son esos días en los que uno no sabe bien a donde va y todo sale mal, no sabes si eres tú el que tropieza o si son ellos los que te ponen la zancadilla, si es el azar el que se divierte jugando a los dados contigo o es el universo el que decide cambiar tu rumbo sin pedirte permiso, el caso es que ese día  no eres más que un disparo al cielo, un reflejo mudo y ciego condicionado y deformado por este huracán de los días raros”… el huracán tambien trajo consigo una nueva canción, una canción que le hizo revivir los más preciosos momentos, y en  voz alta y como si el cielo, el agua, la brisa escucharan empezó a hablar, intentaba describir la música, todo lo que la componía… “estoy seguro de que empezaba con una guitarra rítmica, pero la canción en si estaba llena de detalles de los cuales si no recuerdo mal a los cascabeles o el shaker se le añadían otros elementos como una guitarra solista  que creaba unos coloridos riffssobre los acordes, pero por encima de todos los instrumentos estaba la melódica, un instrumento más complejo de lo que parece a simple vista,  un objeto capaz de crear unos solos y unos acompañamientos que parecen jugar con el tempoy con el ritmo a su antojo, solos que parecen quedarse sostenidos en el último suspiro de una nota para luego sonar más claros y delicados que nunca… también las armonías eran fundamentales en esta canción, pero el final era lo que más me gustaba, simplemente perfecto, con la repetición de la misma línea a intervalos de un segundo en tres voces y tres tonos distintos creando una sensación de delirante caos para luego terminar aunándose todas en una sola línea final que acaba con aquella maravillosa pieza…” Y durante horas habló, sin apenas dudar o respirar o pararse, y cuando acabo pensó en la vida, en la justicia que había en aquel huracán, si, por poco acaba con él, pero le dejó un recuerdo y una canción que le dio la vida…



… su mirada se vuelve a posar sobre el horizonte, busca una luz, una figura, una forma, una señal, algo,  algo que le diga que se aproxima a tierra firme, algo que le diga que por fin vuelve a casa. Su corazón empieza latir, fuerte, el pulso se le acelera, escucha algo, allá, a lo lejos. Cierra los ojos y se concentra…solo su corazón…latiendo en Mi mayor…pero hay algo más, está seguro, siente que esta ahí, sabe que esta ahí, la brisa le besa el rostro, le seca las lágrimas, y de nuevo el Mi mayor latiendo en su corazón,  y por fin lo escucha, es apenas un arrullo, un susurro, un murmullo, un instante, incesante pero distante… y el latido del corazón, siempre en Mi mayor, se desboca, apremiante. A lo lejos, pero delante, el agua acaricia la arena, constante. Él, tambaleante, se levanta, su corazón, agonizante, y su mano señala allí, donde la orilla se torna color ante. El aire le llena sus pulmones, sus labios se comprimen y al infinito y a la noche desbordante exclama desafiante: “¡Tierra!”…y de nuevo,  sus ojos se cierran y contiene la respiración…solo su corazón…latiendo en Mi mayor…


“Ahora que la tengo tan cerca me parece el lugar más hermoso del universo, aún sigue cubierta por la noche pero en unas horas despertara y con ella un nuevo día y con ella, yo. Cuanto la echo de menos, pero ahora que casi puedo tocar su orilla me pregunto cómo acabe aquí rodeado por la inmensidad, ¿qué fue lo que hice mal?…ha pasado tanto tiempo… En el mar, el sol y la luna salen y se ocultan a su antojo, las corrientes han guiado mi camino, el viento ha arrastrado mis ideas y la sal ha cristalizado mi memoria, ahora, ahora soy incapaz de recordar, nada tiene un orden definido, durante este viaje he podido recuperar algunas historias, aquel huracán ¿era de verdad?, ¿qué es lo que no me resultaba extraño?, ¿era yo ese habitante?…Estoy a unos cuantos metros de la costa y… y estoy agotado…y…..y se mas del mar que de mi propia vida… si …si…por un solo instante pudiera tener … pudiera tener algún recuerdo más, un momento…un solo…momen…” (Tum)

Y la guitarra vuelve a comenzar, con ese ritmo tan alegre y característico, las armonías empiezan a volar en su mente al igual que los sonidos del nylon al moverse por el diapasón. En su desmayo y su sueño el náufrago abre los ojos, los edificios le rodean y la gente pasa por su lado, nadie le mira, nadie se detiene, nadie respira “¿Adónde van? Tan rápido…” Se sumerge en la música que acompaña sus pasos “es genial como utiliza el grado VII como acorde de paso entre el I y el VI,” se dice para sí mismo, pero nadie parece escuchar la música, todos la oyen, pero nadie la escucha…”estoy fuera de lugar, aquí no hay nadie que se detenga, que escuche como las notas de la guitarra solista se hacen imprescindibles, o como las notas de la melódica se contraen y se estiran en el aire, parece que les da igual”. Vuelve sobre sus pasos, da vueltas sobre sí mismo, busca con su mirada los ojos de la gente…vacíos, como todo allí…sin previo aviso la escena se ilumina y le ciega, todo se difumina y todo desaparece… sus ojos se vuelven a abrir y despacio despierta sobre su pequeño barco todavía en la oscuridad, en su cabeza, otra vez confundida, intenta retener el lugar, las personas, las imágenes, la música y por encima de todo una frase: “Párate a pensar, antes de volver a caminar”.



El alba se intuía a espaldas del náufrago, cuantos amaneceres sin importancia había contemplado, incontables, pero ahora era distinto, la melancolía y la emoción hicieron que se girase una vez más para contemplar aquel espectáculo quien sabe si por última ocasión. El cielo se tornaba de negro a gris y de gris a lila y cobre, detrás suya, en tierra firme, todavía seria de noche pero la magia que tenía ante sus ojos no se podía comparar  ni con la más cercana de las orillas. El cielo se empezó a encender rojo y amarillo, el agua se tintaba de colores claros, del oscuro del negro al violeta azulado, del azul del acero al azul del océano y del azul marino al esmeralda, los primeros rayos se escapaban en el horizonte, el barco se movía muy lentamente casi parado y por fin se dejó ver… los rayos le cegaban pero no aparto la mirada, le trajo recuerdos perdidos, y del sol amaneció una canción…

Sus pasos le llevaban lejos, lejos del resto, lejos de entre tanta gente, no sabía dónde se dirigía, solo seguía a un bajo, a los acordes de una guitarra y a una voz quebrada, vio como la ciudad quedaba atrás, la carretera y los semáforos se transformaban en tierra y árboles, a cada pisada una nueva voz o  un nuevo instrumento se incorporaba, a veces un cajón, un shaker, o una melódica.  A medida que avanzaba lo que veía le empezaba a resultar familiar…el olor a sal…la suave brisa en su rostro… el peso en sus pies, era como si lo hubiera visto antes…las piedras…la arena… el agua, era como si lo estuviese viendo ahora…el sol…una pequeña barca…y…el inmenso mar…

  
“… y en el inmenso mar la seguí, la seguí hasta el infinito… empuje mi barca y la busqué…el viento silbaba en mis oídos, ¿hacia dónde te diriges?, ¿por qué tan lejos de mis raíces?, no sé si eran sus colores los que me empujaban a continuar, el amarillo, el naranja, el rojo, el azul, el violeta que pintaban el horizonte o tal vez eran sus rayos como arpegios los que me llamaban para que los siguiera, y yo,  los seguí. Y vi que me alejaba de la costa y mi corazón se aceleró frenético, ¿pero que estoy haciendo? ¿hacia dónde voy?…pero no pude volver. Y pasaron horas, tal vez fueran minutos y a cada metro que avanzaba ella se escondía un metro más lejos de mi presencia, el sudor caía de mi frente, mis brazos temblaban y mis piernas se adormecían, y me encontré arrodillado, exhausto y suplicando: estrella luminosa…alúmbrame…tú antes solías estar siempre encendida, pero ahora te vas como se va la vida…
Y esperé y esperé no sabría decir cuánto tiempo, allí arrodillado con el alma vacía, no sé qué esperaba, una revelación tal vez, una respuesta perfecta, una razón, un motivo, una panacea, pero nada llego,  y en el fondo sabía que nunca llegaría. Y cuando aparté la vista de la estrella me dí cuenta de que mirase donde mirase siempre veía lo mismo, el mar y nada más, no podía volver atrás porque “atrás” ya no sabía dónde estaba, lo único que hice fue seguir al sol y a su liquida centella que se proyectaba en el agua, no tenía prisa… y los recuerdos empezaron a volar y los días a pasar, de día  seguía a la estrella, de noche al firmamento, en mi cabeza los recuerdos y  las memorias fueron sustituidos por música, imaginaba notas sobre un piano y armonías que acompañaban un ritmo andante y así día tras día…pero siempre intentaba recordar lo que había olvidado, todas aquellas historias que una vez viví seguían presentes y cada vez que cerraba los ojos, agotado,  pensaba que siempre había algo por lo que despertar al día siguiente…”



 Todo lo que había perdido, todo de lo que había escapado, todo lo que había olvidado, estaba ahí a unos pocos metros, había tardado casi un día entero desde que divisara tierra,  parecía como si el mar quisiera retenerle después de tanto tiempo, como si ahora formase parte de él, de su marea, de su viento, de su brisa, de su calor, de su frio, de su compañía… pero en este momento eso ya daba igual…estaba tan cerca… por primera vez en mucho tiempo podía ver el fondo del mar, antes era como asomarse al más oscuro de los abismos, ahora el agua se había vestido transparente y reluciente solo para él. A medida que se acercaba a la orilla el pequeño barco avanzaba muy lentamente, la arena acumulada en el fondo lo retenía y las olas chocaban contra el casco haciendo que este se tambaleara, y ya no pudo aguantar más la espera, como un resorte soltó los desgastados remos y se zambulló en el agua helada, el pecho se le comprimió y sus extremidades se le agarrotaron, y por un momento sintió que no podía respirar, sintió que después de todo lo que había pasado su aventura acabaría ahí, y cuando todo estaba perdido el mar le volvió a dar la vida, una ola le hizo emerger y le expulso a la superficie… cuando recupero la respiración sus lágrimas se mezclaron con el agua de la orilla, estaba mareado, magullado, conmocionado y cubierto de arena pero estaba allí, sano y salvo, y por fin en casa…
Y quiso correr, correr y alejarse de allí , correr y dejar atrás todo lo ocurrido, correr y olvidar, correr y vivir, pero se sentó, simplemente se sentó en la arena y vio la tarde caer sobre sus hombros con la vista puesta en el horizonte…el cielo rasgaba el tiempo hacía su fin, se fijó en su barco allá varado en la arena y sintió como una parte de su cuerpo le abandonaba, volvía al mar, volvía para no volver “adiós amigo, no vuelvas jamás, espero que el viento te dirija de nuevo al mar, allá donde nacen horizontes de lava, allá donde se alza la gloria inmortal , y allí, vive, recuerda, sueña, piensa, escucha, siente, llora, ríe, ama…y cuando veas que el sol se apaga de tanto vivir, no olvides que mi recuerdo se hará eterno estando en ti…”
Y se marcharon… los dos con lágrimas en los ojos, los dos sabiendo que nunca más se volverían a encontrar, pero sabiendo que nunca jamás se iban a poder olvidar…

….y el sol se puso…y azul marino murió sobre ellos…

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