Y el cielo de Florida comenzó a llorar y los truenos rompían un silencio de esos que dan que pensar. Y pensé en ti sin remedio y en mi cabeza empezaron a diluviar recuerdos. En el porche, el viento arrastraba el agua y mecía los pensamientos, mojaban todo mi ser, desde el bañador hasta los huesos. Hoy intenté adivinar el color de las lagartijas en tus ojos, se llevaron el color azul de tus ojos verdes, el verde del color azul en su mirada. Y ahora te miro y no sé si son marrones o verdes, depende de la luz me dijiste, y sin remedio pensé en ella, y pensé en ti. En cómo mirabas a la nada mientras escuchabas a Silvio. Y tu mano en mi mano, y mi mano en tu cara, y tú cerraste los ojos y me dio igual con que colores las lagartijas se camuflaban, mientras que los míos se tornaban rojo lagrima. Y tuve que dejar de ver, de verte porque me daba vergüenza que tú quisieras verme o dejar de verme. Y así, dejo atrás todo lo que me ata, me mata, y solo quiero acostarme a tu lado y con mis dedos salpicar tu pelo negro, ligero. Y que me roces con esas manos, que me abraces con tus labios, que te susurre al oído lo que no soy y lo que soy, y que tú te enfades, y que te rías, y que me contradigas, que me beses, fuerte, con ganas, con ansia, que te descuelgues desde tus pestañas para matarme con tu mirada.

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