Quizás pedíamos demasiado, nos prometieron el fin del mundo, y eso es lo que nos han dado.

Nos levantamos con la intriga de saber si el cielo seguía ahí o si éste se había derrumbado, buscábamos oscuras y profundas grietas en una calzada tal vez nublada por la sombra de un cometa y apuntamos nuestras brújulas hacia el norte para saber si estas señalaban finalmente hacia el sur. Nada de eso ocurrió, el cielo seguía ahí tan incomprensible y vacío como siempre. En la intacta calzada las sombras de los coches enlutaban nuestros pasos y todavía no habíamos perdido el perdido norte.

Los Mayas nos prometieron un cambio de era o eso quisimos creer, cegados por nuestra propia incompetencia. Ellos no creían en el fin del mundo, el fatalismo siempre ha sido cosa nuestra, necesitábamos un salvador apocalipsis con el que poder huir de nuestro condenado mundo, y no fuimos escuchados.

El sueño del decimotercer baktun se quedó únicamente en eso, en el sueño de renacer. Y mientras soñábamos que resurgíamos de nuestras cenizas nos llenábamos los bolsillos con semillas de cacao, arrasamos sus cultivos una vez más y la humanidad se refugió en Bugarach, allí nadie quería volver a empezar.



Otra oportunidad dada otra oportunidad malgastada, 

muchos kines, tunes, katunes y baktunes llegarán 
y de nuevo los volveremos a malgastar 

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