Memorias

Aquella última noche de verano

La piedra que cogimos aquella noche de verano, aquella última noche de verano…
¿Cuál fue el deseo que pediste?…
Eso quisiera saber.
Que el mundo se colapsara. Que una de aquellas estrellas de ojos brillantes se precipitara desde el infinito hasta la fría tierra que hundía nuestros pies. Que las risas se mezclasen con el rumor de las olas en una noche eterna. Que cada uno de los poros de nuestra piel fuera tapado por diminutos granos de arena, haciéndonos uno solo. Que el viento nos arrancara el más dulce de los escalofríos. Que el capuzón no fuese solo por ti, si no por cada uno de nosotros, por los vivos, por los inmortales. Que aquella cuenta atrás no se detuviera nunca. Que nuestros dedos acariciaran el fondo de la inmensidad. Que los inertes miedos que nos encadenaban a aquella salada y húmeda prisión cayeran como piedras al mar. 
Que la magia envolviera la oscuridad, una vez más…
Quería contar el número de veces que la luna tentaba nuestros parpados, arrojando su blanca luz sobre la oscura orilla. Quería tener aquel momento otra vez, quería enmudecer la piedra al caer.

La piedra que cogimos aquella noche de verano, aquella última noche de verano…
¿Cuál fue el deseo que pediste?…
Eso quisiera volver a saber.

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