Y me encontré con el teléfono en la mano. Yo no quería recordar e intentaba dejar que mi cabeza se distrajera con cualquier otra cosa, pero cuantos más segundos pasaban más difícil se me hacía. No sé como fue y nunca supe si hicimos lo correcto o no. “Es lo correcto” me dije en el pasado, ahora la respuesta era distinta…
Hoy alguien me dijo que habías empezado una nueva vida, que encontraste a alguien y que te casaste. “Tus sueños se han hecho por fin realidad, al menos alguien te ha dado todo lo que yo no te pude dar” pensé mientras las lágrimas corrían por mi cara. Alguien al otro lado descolgó el teléfono y se hizo el más absoluto de los silencios…
– ¿Hola?… ¿Eres tú?… ¿Por qué no dices nada? No eres de los que se esconden y se contienen, ¿para qué has llamado?…
– …lamento aparecer de este modo, pero ya no aguantaba más, ya no podía soportarlo… Espero que aun recuerdes mi rostro y que te haga pensar que para mí esto no ha terminado – le dije sin pensar si quiera en lo que le decía. Esta vez el silencio se hizo infinito y al final sus palabras tornaron el espacio de sensatez, para mí, incomprensible sensatez.
– No importa – le dije, y mis tristes palabras intentaron parecer igual de sensatas – encontraré a alguien como tú,. Yo también te deseo todo lo mejor – Quisiera poder haberle suplicado que no me olvidase pero fueron otras las palabras…Después, finalizó la llamada.

Y me senté al borde de la cama pensando en la que para mí era la persona más importante de mi vida,  y sentí como el tiempo volaba a mí alrededor. Me acordé del ayer, de los mejores momentos de nuestra vida, de cómo nacimos y crecimos bajo aquella niebla estival, unidos casi sin querer en aquellos días de gloria.
Nunca tuve tanto miedo, nunca me había sentido tan insignificante y nunca supe que era la soledad hasta aquel día. Nada se podía comparar a aquello, ni problemas ni preocupaciones, ni arrepentimientos o errores…y son tan solo recuerdos… ¿Pero quién podría haber sabido de este sabor tan agridulce?
Y volví a recordar mis palabras al teléfono, y de nuevo sus palabras en mi cabeza…
“Es igual, encontraré a alguien como tú” me dije al mismo tiempo que me secaba el rostro. Algo me decía que quizás no fuera así, que hay cosas que no vuelven a suceder, pero quien puede apostar contra lo incierto…algo me decía que una parte de mi debía alegrarse, por su felicidad y quizás por la mía pero esos pensamientos se entremezclaban con lo vivido, con lo que pensaba que sería el futuro y con lo que ahora era pasado… y volví a recordar las palabras que pronunció…tenías razón…
” a veces en el amor hay algo que hace que este perdure, en cambio otras veces solo te hace daño”.

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